El concepto de la comunidad de aprendizaje puede ser
definido de forma sencilla como un grupo de
personas que aprende en común,
utilizando herramientas comunes en un mismo entorno.
Comunidades de
Aprendizaje es un proyecto basado en un conjunto de actuaciones educativas de
éxito dirigidas a la transformación social y educativa. Este modelo educativo
está en consonancia con las teorías científicas a nivel internacional que
destacan dos factores claves para el aprendizaje en la actual sociedad: las
interacciones y la participación de la comunidad.
Las Comunidades de
Aprendizaje implican a todas las personas que de forma directa o indirecta
influyen en el aprendizaje y el desarrollo de las y los estudiantes, incluyendo
a profesorado, familiares, amigos y amigas, vecinos y vecinas del barrio,
miembros de asociaciones y organizaciones vecinales y locales, personas
voluntarias, etc.
Las comunidades de
aprendizaje son un modelo de organización de los centros educativos que
pretende dar respuesta a dos prioridades, mejorar el rendimiento académico y
resolver los problemas de convivencia; siguiendo las aportaciones de autores
como Freire, Bruner, Habermas o Vygotsky, entre otros, se propone el modelo
dialógico como el más apropiado para el aprendizaje y la resolución de los
conflictos en el centro.
Los grupos
interactivos, el diálogo igualitario y la participación de la comunidad en el
funcionamiento de los centros constituyen los ejes en torno a los cuales giran
las Actuaciones Educativas de Éxito que se aplican en las comunidades de
aprendizaje. (CREA, 2011).
Suponen una apuesta
para mejorar la calidad educativa en la sociedad de la información previniendo
y reduciendo las desigualdades a la vez que se abre la escuela a los sueños de
toda la comunidad educativa abrazando la idea de Freire con una escuela que,
más allá de adaptarse a la cambiante realidad social, se propone transformarla.
Las comunidades de
aprendizaje surgen como una respuesta educativa igualitaria para conseguir una
sociedad de la información para todos y todas: se parte del derecho que todos y
cada uno de los niños y niñas tienen a la mejor educación y se apuesta por sus
capacidades, contando con toda la comunidad educativa para alcanzar ese
objetivo.
Se trata de una
propuesta que se aleja de los postulados de la educación compensatoria, pues no
se fundamenta en el supuesto “déficit” a compensar de los estudiantes con
desventajas sociales, sino en la mejora de la calidad de la enseñanza que
reciben (Elboj, Puigdellívol, Soler, & Valls, 2002).
La primera comunidad de
aprendizaje aparece en 1978, en el centro de educación de personas adultas de
"La Verneda-Sant Martí" en Barcelona.
Después, el Centro de
Investigación en Teorías y Prácticas Superadoras de Desigualdades (CREA), de la
Universidad de Barcelona, investigó cómo desarrollar esa dinámica que fomenta
el éxito educativo para todas y todos en educación infantil, primaria y
secundaria. Así llegó a elaborar el modelo de comunidades de aprendizaje que,
como centro público de investigación, ofrece a quienes quieran llevarlo a cabo.
CREA investiga, analiza
y fomenta prácticas educativas de éxito y a la vez coordina el proyecto
INCLUD-ED, un Proyecto Integrado de la prioridad 7 del VI Programa Marco de la
Comisión Europea que analiza las estrategias educativas que contribuyen a superar
las desigualdades y que fomentan la cohesión social, y, por otra parte, las
estrategias educativas que generan exclusión social, centrándose especialmente
en los grupos vulnerables y marginalizados.
Trata de identificar
las estrategias que a su vez utilizarán las personas encargadas del diseño de
políticas, las personas a cargo de la gestión educativa, el profesorado, el
alumnado y las familias, y que contribuyan a elaborar nuevas políticas que
permitan mejorar el funcionamiento de los centros educativos. INCLUD-ED se
centra en el estudio de las interacciones entre los sistemas educativos, los
agentes y las políticas educativas. Las conclusiones del proyecto fueron
presentadas en Bruselas, ante el Parlamento Europeo el pasado 6 de diciembre de
2011 (CREA, 2011).
APORTES CULTURALES DEL DOCENTE.
APORTES CULTURALES DEL DOCENTE.
Los seres humanos somos ante todo herederos de una cultura,
que nos permite comprender nuestro pasado, resinificar nuestro presente y
proyectar cambios y transformaciones. Herederos sin mandato explícito, pero
herederos al fin […] Esta herencia nos sumerge en un sistema de creencias que
subyacen en las bases de nuestra acción y que muchas veces se nos dificulta
explicar.
Los profesores no se limitan a impartir el currículo, sino
que también lo interpretan. Técnicamente, la Cultura Docente comprende: “creencias,
valores, hábitos y formas de hacer las cosas asumidas por las comunidades de
docentes que tienen que afrontar exigencias y limitaciones.
El aporte cultural del profesional requiere reflexionar
previamente sobre el trasfondo social de la escuela, es decir, visualizar a
ésta como un núcleo de relaciones sociales muy diversas, en cuyo interior se
van creando, al paso del tiempo.
Un aporte principal es la cultura de la escuela que está
llena de simbolismos y códigos y constituye un micro universo social; en éste
se ven reflejados los rasgos esenciales de la comunidad donde la institución se
asienta y toda la herencia cultural del entorno, incluso las creencias, los
usos, las costumbres y las pre concepciones que se tienen en torno a los roles
que corresponden a cada quien dentro de la organización.
Aportes culturales del docente
EL DOCENTE: MEDIADOR ENTRE LA CULTURA Y EL ESTUDIANTE.
Uno de los importantes roles que desempeña el docente es el
de servir de mediador entre la cultura y el estudiante y no sólo, como se creyó
tradicionalmente, transmitir los conocimientos propios de la asignatura que
orienta
Existen muchas formas de acceder a los productos de la
cultura, especialmente desde la invención de los medios masivos e inmediatos de
comunicación. Esto implica que cualquier persona está en la posibilidad de
tener acceso a la información, con lo que podríamos pensar que el papel del
docente como transmisor de conocimientos ya no tiene la importancia que tuvo en
el pasado.
No obstante, a pesar de los avances tecnológicos aplicados a
la educación, el docente sigue siendo fundamental en la construcción de conocimientos
ya que ninguna tecnología podrá sustituir jamás el componente afectivo del acto
pedagógico.
Efectivamente, en el acto pedagógico hay una continua
interacción entre los estudiantes y de estos con el docente, creando unos
valores que difícilmente se darían sin la actividad orientadora del maestro.
Es, precisamente, el docente quien anima a sus estudiantes
para que alcancen las metas propuestas, para que descubran y exploten sus
capacidades, para que generen hábitos y conductas deseables, para que produzcan
en el campo académico y axiológico, para que se conviertan en constructores de
su proyecto de vida y para que adquieran, gradualmente, un mayor nivel de
responsabilidad y de autonomía.
De otra parte, es bueno anotar que allí no termina la actividad
del docente. Por el contrario, podríamos afirmar que esta es secundaria ya que
lo primordial es servir de mediador entre la cultura y sus estudiantes.
Es decir, que el docente acerque a sus estudiantes a los
productos de la ciencia, del arte, de la tecnología y que, a más de eso, lo
incentive a adentrarse en ellos, a que descubra que todo conocimiento, todo
producto es el resultado de un proceso social histórico y no el resultado
espontáneo de la actividad aislada de un genio.
El docente, mediante su actividad racional, debe propiciar
en sus estudiantes el interés por conocer que él no es un ser aislado, asocial
y a histórico sino que debe saberse como el producto de un continuo proceso de
socialización, entendido este como "el juego recíproco entre sujetos y
entre ellos y la cultura; siendo allí en este juego recíproco en el que se hace
real el dominio o la emancipación del sujeto humano y de los grupos humanos.
Emancipación que no se recibe como un don sino que la logra
cada persona mediante su actividad individual con las herramientas que se le
han proporcionado porque como lo afirma el adagio popular "se puede llevar
el caballo hasta el abrevadero, pero no se le puede obligar a beber-.
Ahora bien, para que el docente pueda cumplir con su función
mediadora debe tener presentes algunas características como son su nivel
cultural, el que debe ser constantemente actualizado; el conocimiento amplio de
lo que enseña; estar actualizado en las últimas teorías y avances de su
asignatura y conocer, además, lo concerniente a otras áreas del saber para que
pueda relacionarlos con la suya; propiciar actitudes de respeto, colaboración,
integración, tolerancia, cooperación y ayuda mutua; generar que el espacio y
tiempo pedagógico se conviertan en un momento de gran interactividad entre sus
estudiantes y de estos con él para que, finalmente, logre el propósito
fundamental de propiciar en los estudiantes, en un contexto social histórico,
el aprendizaje. Si es posible lograr esto podemos afirmar que el docente ha cumplido
su función fundamental: servir de mediador entre la cultura y el estudiante.


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